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Los Murales de Rivera y Siqueiros en el Centro Médico Nacional La Raza…

Por Armando Navarro Rodríguez.

(Con textos íntegros de la Mtra. Guillermina Guadarrama Peña y la Mtra. Beatriz Sánchez Zurita, obtenidos del libro “La raza. 40 años”)

Del proyecto original a la fecha, el hoy Centro Medico Nacional La Raza ha visto muchas transformaciones, no solamente en su entorno arquitectónico, sino también en el terreno de los logros de la ciencia medica. La Raza es modelo de medicina moderna, de investigación y de docencia.

En aquel tiempo, durante el comienzo de la construcción del hospital, se discutía mucho sobre la integración plástica; es decir, la integración de la obra arquitectónica con la pintura y la escultura; todo ello como producto de la corriente muralista afamada mundialmente, que encabezaron Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Esta impresionante obra arquitectónica alberga dos obras maestras de las artes plásticas del siglo XX en México: los murales “El pueblo en demanda de salud” de Diego Rivera y “Por una Seguridad Completa y para todos los Mexicanos” de David Alfaro Siqueiros.

Estas obras son las representaciones del arte que dan cabida a la medicina como propuesta de justicia social.

Diego Rivera aborda desde la perspectiva histórica la medicina como antecedente y presente de una practica de profundas raíces, y David Alfaro Siqueiros toca desde la teoría la medicina social, como principio de la solidaridad y de proyección al futuro.

En realidad, se considera como fecha oficial inaugural del hospital, la del 10 de febrero de 1954, momento en que el director general del IMSS, licenciado Antonio Ortiz Mena, y el doctor Andrés Iduarte, exponen los motivos de tan fastuoso acontecimiento al develar el eximio mural de Diego Rivera; este mural forma un díptico, junto con el otro mural de Siqueiros, que representa los postulados históricos de nuestra patria, siendo el principal de ellos el beneficio de la salud para el pueblo, artísticamente sublimado en los murales tras la búsqueda de una mayor justicia.

Congruente con la corriente muralista, Enrique Yañez entregó el vestíbulo del acceso principal a Rivera, quien desarrolla en su mural la historia de la medicina en México; partió de la medicina de los pueblos prehispanicos, con sus sistemas de curaciones y hierbas medicinales, continuo con la de la colonia, hasta llegar a la contemporánea, donde exalto los avances científicos y tecnológicos, en manos de las eminencias medicas mexicanas.

Por su parte, Siqueiros en su mural realizado en el vestíbulo del auditorio principal, mostró su tendencia pictórica de un fuerte impacto visual, en la que, con base en el análisis de la perspectiva y del movimiento del espectador, cancelo la esquina superior, donde se encuentran los dos muros con el plafond.

Siqueiros y la Seguridad Social…

“Mi modalidad anterior a 1934 puede caracterizarse por el arcaísmo; pero mi segunda modalidad, que se inicia en 1934 es antiprimitivista y de intención realista moderna”.   -David Alfaro Siqueiros-

Con este enunciado el artista expone de una manera sencilla los cambios e intenciones de su pintura que incluye la concepción plástica del mural “Por una seguridad completa y para todos los mexicanos”, que forma parte e historia del Centro Medico Nacional La Raza, considerada en su momento una obra de vanguardia.

Pero Siqueiros es además el polemista que protagoniza junto a Diego Rivera en 1934, aquel famoso encuentro denominado: polémica Rivera-Siqueiros, en el palacio de Bellas Artes. De ahí surge la frase de Siqueiros que encabeza este texto, ya que ese encuentro delimita su etapa anterior y su posterior desarrollo en México.

El hospital de La Raza que le va a ofrecer la oportunidad de poner en practica todas sus teorías, cuando el director general del instituto mexicano del seguro social, Antonio Díaz Lombardo le encarga la realización de un gran mural para ese mural en construcción. Alfaro Siqueiros presenta ante esta institución un proyecto presupuesto para su ejecución, el 5 de julio de 1951, cuyo tema seria “La apoteosis de la vida y la salud”. En el contrato se reitera el apego estricto a lo presentado en la maqueta y en los bocetos, a riesgo de ser suspendido si se incurría en lo contrario. Esto se menciona debido a que pese a lo pactado en el mencionado contrato, no se censuro la libre expresión del artista y se respetaron los tiempos de realización.

Siqueiros se comprometía a pintar una superficie mayor de 300 metros cuadrados, en un lapso de seis meses a partir del 8 de noviembre de 1951. Asunto casi imposible debido a las constantes interrupciones por parte de los constructores y los retrasos que se debieron básicamente a problemas de índole artístico, propios de carácter especial de la obra, motivo por el cual se tuvo que dedicar mayor tiempo para el completo desarrollo de la concepción del mural, según manifestaba el propio Siqueiros en una carta al director general. Otra causa fue la urgencia por concluir el mural que elaboraba en la Ciudad Universitaria. El costo de la obra fue de 150 mil pesos y el tema consistió sobre la seguridad social y la salud.

El mural es concluido el 31 de julio de 1954 e inaugurado oficialmente el 18 de marzo del año siguiente por el licenciado Ernesto Enríquez y el doctor Mauro Loyo Díaz, subdirectores administrativo y medico respectivamente, y por el jefe de artes plásticas del INBA Víctor M. Reyes.

Respecto a los cambios en el tema, Siqueiros dijo:

“El desarrollo del Seguro Social en México constituye uno de los éxitos más importantes de la revolución mexicana…(que) se ha venido gestando en los dos últimos decenios…Nadie podría negar lo transcendente de la obra (del IMSS)…Falta sin embargo mucho por hacer…para cumplir su cometido histórico, tendría que abarcar todos los problemas de la seguridad social y en escala nacional. De ahí el motivo de mi mural en el Hospital de la Raza.”

El mural “Por una seguridad completa y para todos los mexicanos” es una de las realizaciones más completas de David Alfaro Siqueiros desde el punto de vista evolutivo y estético del artista, ya que conjunta de una manera integral todo lo postulado en sus teorías. En esta obra consigue llevar a la práctica lo que antes habían sido experimentos incompletos y en ocasiones frustrados.

Esta obra se ubica en el vestíbulo del auditorio del hospital. Esta ejecutado sobre una estructura espacial hecha exprofeso para ella por el arquitecto Enrique Yañez, conformando con estructuras metálicas una “caja de aire” con planos verticales y esquinas curvas; es decir, una especie de concha. De esta manera se obtiene una visión integral, dando al espectador la sensación de que el mural lo envuelve.

El tratamiento temático e iconográfico de este mural sobrepasa los limites de su nombre; universaliza la necesidad de la seguridad social debido a la simbología que maneja en la obra. Expresa esencialmente la oposición entre dos conceptos de vida: la inseguridad y la lucha por mejorara las condiciones de vida en el futuro. Funde lo dramático y lo emotivo, lo real y lo ideal en la expresión plástica.

La obra esta dividida en tres secciones y su lectura se inicia de izquierda a derecha.

La primera sección es la de mayor dramatismo; en la parte central de esta se encuentra un obrero herido de muerte debido a la falta de seguridad en el trabajo, quien yace sobre una banda industrial infinita-símbolo de la producción en serie- que parece surgir de una enorme maquinaria de formas monstruosas e inhumanas, en espera de atención medica. Esta acompañado por un grupo de obreros que lo observan con actitudes de impotencia, dolor y preocupación ante el acontecimiento, y circunspectos respecto al futuro que les espera sí la falta de seguridad continua.

El ardor colectivo para lograr los objetivos de reivindicación social, lo representa magistralmente, con la espectacular figura de un hombre musculosos que como un volcán en erupción surge de esas maquinas de formas extrañas y a través de unos elementos que semejan moles de cemento. Este personaje que representa la lucha por la seguridad es símbolo del fuego, del sol, de la energía; es decir, este hombre ígneo se convierte a sí mismo en fuego purificador. El nuevo prometeo es, asimismo, emblema del obrero que alimenta a la humanidad con las llamas de su energía y lo conduce a nuevas metas, mostrando con la mano izquierda el camino para la consecución de estas, y reflejando su deseo de protección en la sombra proyectada en la loseta simulada.

Las maquinas irreales, signo a la vez de lo desconocido y lo temible, causantes de los accidentes de trabajo, forman un conglomerado que asciende a manera de chimenea y desemboca mas allá del firmamento horadando la capa atmosférica con su humo en constante salida: viva imagen de la industrialización. Esta chimenea esta integrada con elementos del mundo en que vivimos, como las rascacielos fríos e infinitos, símbolo de lo cosmopolita, desprovistos de calor humano, los cuales se unen a la bóveda de manera antagónica con construcciones que representan otras civilizaciones, simbolizadas por medio de la pagoda china, las pirámides egipcias y prehispanicas, la arquitectura londinense y otro edificio que recuerda al Kremblin.

Todo este conjunto expresa la necesidad de la seguridad social en un mundo liberado que no limita los derechos y el bienestar del hombre, como emblema de una sociedad adelantada, una sociedad en que la energía atómica sea elemento de paz de paz y no factor de muerte. Esta energía esta representada por un desintegrador nuclear unido a una torre de energía que llevara la luz al mundo, indicando que la energía atómica debe usarse para el bien como generadora de electricidad y de potencia iluminadora.

Las poderosas figuras del techo son las de mayor juego visual dentro de la perspectiva poliangular. Se alargan, acortan, engrosan y adelgazan según se mueva el espectador, y mientras más rápido sea su movimiento, los efectos visuales resultan más notorios y espectaculares.

En la parte central se encuentra un grupo de mujeres en marcha, mostrando de una manera ideal la parte bella de la vida: llevan en los brazos los frutos de la tierra, haces de trigo y flores, y al fruto del hombre en brazos, arrullado por una madre. Figuras coronas con halos dorados como vírgenes bíblicas que inician una travesía en busca de salud integral, llevando un pliego en el que demandan el derecho a la salud, al trabajo –que es el pan-, derechos cívicos para ellas y sus hijos.

Finalmente, a la derecha encontramos otra marcha que parece estar vinculada a la anterior. Encabezándola se encuentra el obrero industrial quien porta un caso minero, pero no esta solo; junto a el caminan el medico, la enfermera, el ingeniero, el pueblo en general, y tras ellos avanza la juventud invitando a la construcción de un mejor mudo para todos. El obrero lleva en la mano izquierda una manivela como elemento de control con el que conducirá a los hombres a la seguridad, mientras que la mujer que se encuentra a su lado enarbola con fuerza, con decisión absoluta, la bandera nacional, que envuelve a su vez a todos los personajes de esta sección.

Las columnas avanzan dejando atrás nubes que presagian tormentas; avanzan hacia un horizonte despejado e iluminado por un arcoiris que remata en una estrella de cinco puntas. En la obra se encuentra el militarismo anquilosado y putrico representado por un cráneo con casco de soldado, del cual únicamente pinta la mitad para que al reflejarse en el enorme espejo de cristales ahumados que cubren la pared lateral se complemente, creando un eco visual “sui generis”. Este simbólico militar es vencido por la fuerza de los luchadores sociales.

Siqueiros sintetiza en esta obra sus teorías estéticas, su anhelada búsqueda plástica proponiendo una nueva concepción del espacio que permite poner en movimiento al espectador en contrapartida a la visualización estática de la obra de arte. Este extraordinario mural logra innovar y concretar su idea original de monumentalidad y movimiento; simultaneismo de volúmenes y formas, integración de cuerpos que danzan en una interminable marcha hacia la expectación de la vida plena.

David Alfaro Siqueiros deja un testimonio ejemplar del valor de la pintura mural y sus connotaciones sociológicas. “Por una seguridad completa y para todos los mexicanos” es una obra vigorosa y comprometida, susceptible de otras apreciaciones. Es una lección de que el arte mural, además de ser una propuesta plástica, es un pozo inagotable de posibilidades expresivas que recoge las preocupaciones y aspiraciones del hombre universal. Es un legado de la voluntad creadora para las generaciones de hoy y del futuro.

Siqueiros, en su obra magistral, es cúspide y vértice. El Hospital de la Raza puede ufanarse de contar entre sus muros a esta creación, en la vecindad en la que Diego plasma acerca de la medicina de México.

Diego Rivera y la medicina en el arte…

En 1951 se le solicitó a Rivera un mural para el recién construido Hospital de la Raza con el tema de “El pueblo en demanda de salud”.

Rivera fue mas allá de esta intención inicial: pinto un paralelismo social y mitológico tanto de la medicina prehispanica como de la actual, pero siempre teniendo en cuenta una perspectiva social e histórica que engloba magistralmente el pintor, en un solo mural hecho al fresco y con una base de mosaico veneciano: franja policromatica representada por dos serpientes que nacen en  ángulos opuestos y con un movimiento virtual hacia el centro, punto donde se encuentra una cabeza simbolizando la vida y la muerte: eterna preocupación de la humanidad por vencer las enfermedades para preservar la especie.

Al lado de las serpientes, enmarcando toda la composición, dos arboles con su follaje cubren gran parte del área superior. El árbol amarillo que delimita la parte prehispanica, solo tiene hojas. Al árbol rojo, que cubre a la medicina contemporánea, le nacen frutos. En ambos se recrea la vida con sentidos opuestos: el ritual y el mitológico son el árbol amarillo, y un símbolo fálico erguido en el que se mece la diosa Tlazolteotl dando a luz al dios del maíz, Cinteotl. El árbol rojo es científico y alimenta al hombre por medio de una transfusión sanguínea.

La figura central es la diosa Tlazolteotl en el momento de dar a luz, debajo de esta diosa de la renovación, del amor carnal, la “gran paridora” como la nombra el doctor Enrique Cárdenas de la Peña en su ensayo sobre este mural, se presenta la herbolaria del azteca Martín de la Cruz, manuscrito azteca de 1552, traducido al latín por Juan Badiano con el titulo de Libellus de medicinalibus indorum herbis, conocido como el códice badiano, que se interrumpe en un ángulo para permitir la vista del conocimiento y la preparación de medicamentos.

La herbolaria en el lado de la medicina contemporánea se encuentra totalmente cerrada en un ángulo: esta representada por nueve hileras de matas, yerbas, cactus, arbustos, que se suceden en coloridos majestuosos. Su utilidad ha sido tema permanente de estudiosos y de historiadores. Por las cualidades curativas que ofrece, esta herbolaria, considerada por la medicina prehispanica como elemento de alivio y salud, es en la actualidad altamente apreciada por su potencial terapéutico.

Tlazolteotl, la antigua diosa de la tierra, lleva una cinta y orejeras de algodón crudo en la frente, con dos husos en su tocado. Los aztecas la representaban durante el periodo de cosecha y le atribuían ciertas facetas de sexualidad. El nombre mismo de la diosa, Tlazolteotl, diosa de la inmundicia, y su sobrenombre Tlelcuani, devoradora de inmundicias, indican que es una diosa de las relaciones sexuales pecaminosas y de ritos sexuales como la circuncisión, el culto fálico y la confesión de los pecados carnales. 

Se la atribuía igualmente el don de la renovación, representado en el mural como un grupo de personajes que se acercan a ella implorando ayuda para que con su escobón, que trae en su mano izquierda, los limpie de sus males. Diosa de la revaloración y de la reintegración de la energía en vida.

El mural es una representación paralela de los dos temas de la medicina. El primero es la medicina prehispanica y exhibe curaciones de ojos, trepanaciones craneanas, entablillados de fracturas, partos, curaciones del corazón, extracciones dentales o suturaciones de heridas. Los personajes que curan llevan un tocado similar al de Tlazolteotl, lo que presupone que eran personas dignificadas y ocupadas en el conocimiento y servicio de esta labor. La composición es rica en movimiento, con ritmos marcados en la repetición de curvas apoyadas en una estructura diagonal.

El lado de la medicina moderna representa cesáreas, transfusiones, electroencefalogramas, vacunaciones y radiología. En su totalidad es una enseñanza acerca de los servicios que otorga el seguro social. Su composición abunda en verticales y horizontales interrumpidas por líneas semicirculares que surgen en dos personajes: el doctor Neftali Rodríguez y el doctor Antonio Díaz Lombardo, que atienden un grupo de personas demandando los servicios de salud.

En esta obra, justo encima de una representación de un temascal, esta pintada una serpiente enlazada con un ciempiés, simbolizando el cielo y la tierra; el hombre en la tierra relacionándose con el universo, participando del cosmos en su dualidad cielo-tierra. Hacia arriba, están los sectores patronal, obrero, estatal, fundidos en unidad tripartita para beneficio de quienes entregan sus cuotas.

Las clases trabajadoras, a la izquierda, conceden con beneplácito su participación; en la mesa que sirve de deposito los billetes se acumulan; la redistribución de la riqueza opera como resultado obligado de las aportaciones comunes. Diego ridiculiza, a la derecha, a las clases privilegiadas: las enjoya, y en manos de las damas “encopetadas” coloca bolsos y naipes, símiles del ocio y la despreocupación, quizá la indiferencia e irresponsabilidad de quienes todo lo poseen.

Domina el espectáculo del despertar de la seguridad social en el medio mexicano, un boceto de ciudad actual: la fabrica, la iglesia con su campanario independiente, el edificio común o el rascacielos, entonan una sinfonía de ruido y humo; entre todos descuella la mole imponente de la institución que nace, y al nacer y luego desenvolverse conforta, anima, asegura el bienestar comunal: el seguro social.

Los paneles refuerzan la unidad artística. Sobre el derecho, colindante al árbol de la vida, una doctora toma, con la ayuda de una enfermera, a un niño, no propiamente en brazos: trata de detenerlo en pie a pesar de su corta edad y lo muestra a la vez a quienes, en un plano mas bajo, levantan la cabeza para verlo, como si lo estudiasen; una de ellas, precisamente, consulta un libro que se halla abierto, en la intención de encontrar en sus paginas el vivo ejemplo que a sus ojos aparece. La doctora resplandece de felicidad: la invade la satisfacción de cumplir su cometido, o sea, el pretender conseguir las máximas condiciones factibles de salud para la infancia.

Este mural confirma la capacidad de síntesis de Rivera: aspectos históricos, sociales y humanos perfectamente conjugados como preocupación individual, demostrando, a su vez, que la medicina ha evolucionado: la ciencia con sus adelantos en investigación y tecnología permiten que la vida se expanda. La preocupación esencial de Rivera era la claridad y la objetividad, aunada a una función didáctica que sirviera de refuerzo al aspecto temático y también al estético; el primero confirma al segundo con elementos visuales: en la medicina antigua hay colores cálidos y formas armónicas ascendentes, aspirando al encuentro espiritual con los dioses: el hombre buscando la salud pero con sentido humano, mágico y ritual.

En la medicina moderna predominan las líneas rectas, simétricas. Hay un orden perfectamente estructurado y una gama tonal casi monocromática en formas claramente dinámicas: es la búsqueda de la salud por medio de la ciencia: el hombre al servicio del hombre. La tecnología y la ciencia, y la cultura de la salud como modernamente se entiende y se aplica.

“El pueblo en demanda de salud” es testimonio de una cultura que acepta la evolución científica pero que no pierde de vista la riqueza de su pasado prehispanico, poblados de espacios coloridos espacios habitados por una sociedad humanizada y religiosa por la que parece sentir Rivera una enorme nostalgia.

Pero aunado a esta visión, personal y emotiva, este mural, obra reconocida en el mundo como síntesis de su preocupación humanística, en el mas alto sentido, esta de relieve el genio de Diego Rivera, la visión totalizadora y monumental de un pintor que con su amor al ser humano y el conocimiento de su destino final, plasma, en imágenes cosmogónicas el renacimiento de la sociedad bajo el signo de la salud, como principio de preservación y de progreso de las altas culturas del siglo XX.

Con pinceladas bellas y espléndidas, Diego eleva un canto a la medicina y valoriza cuanto de meritorio fulge en la era precortesiana. Para la época actual reclama los dictados de una tendencia social a esparcirse con celeridad manifiesta por la totalidad del ámbito nacional.

Algunos Datos más sobre los Murales…

El hospital de La Raza guarda como joyas invaluables dos tesoros artísticos: sendos murales de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. La plástica revolucionaria se vuelca sobre las paredes del vestíbulo y el auditorio, entregando a las generaciones presentes y futuras concepciones luminosas de ambos genios.

Si Diego Rivera impresiona entre los tres grandes del muralismo mexicano –José Clemente Orozco el tercero de los otros citados- por la finura de su dibujo, y el color vivo, intenso, rotundo para cada trazo, y la exactitud histórica de su investigación, puesto que nunca pinta sus pasajes al acaso, David Alfaro Siqueiros avasalla con el contenido ideológico de su obra, la profundidad partidista y la fusión de cuanto crea en planos diversos.

Quien penetra en la Raza, y mas quien ha trabajado ahí por largos años, recibe la proyección reconfortante de estas pinceladas permanentes: la interpretación pictórica se agiganta a través del tiempo, sujeta a la voluntad y al destino que los mismos artistas le inyectan. El Hospital de la Raza posee el raro privilegio de aunar una fracción nada despreciable –para cada caso- de la producción de este par: Diego y David se dan la mano y cantan, a su modo naturalmente, con la luz y la verdad, ofrecidas para deleite de los demás.

El espacio que ocupan resulta irregular para ambas oportunidades. Rivera pinta sobre una pared que se comunica hacia el techo mediante una superficie curva, y agrega dos paneles laterales para no romper la unidad artística del tema desarrollado.

Siqueiros utiliza una sala de planta semiovoidal, de la cual se conservan planos una gran pared de vidrio que mira a la explanada y el muro de la derecha, directamente enfilado hacia el extremo izquierdo del mural, recubierto con losas de cristal negro; sobre las aristas superiores de estos planos apoyan los extremos de una concha parabólica de violenta irregularidad; la planta queda sujeta a una estructura general de hierro –caja de aire- , con planos verticales adelantados y con esquinas curvas.

Diego abarca una superficie total equivalente a 120.06 metros cuadrados, de los cuales 112.79 metros cuadrados corresponden a pintura y 7.27 metros cuadrados a mosaico. David, en el trazo parabólico conformado por los muros y el techo, cubre una superficie de 300 metros cuadrados.

En el auditorio la estructura, cubierta con sustancia plástica a base de nitrocelulosa, es pintada con materiales combinados: vinilita, piroxilina y silicones, de los cuales se utiliza de preferencia el primero de ellos.

El desarrollo de los murales tropieza con dificultades. La entrega de los espacios a pintar se retrasa por desajustes derivados de la obra arquitectónica: existencia exagerada de polvos y ruido, interrupciones por humedad, compromisos simultáneos.

El contrato de Diego Rivera data del 11 de septiembre de 1951; su termino señala 28 de noviembre de 1953. David comienza casi a la vez; concluye hacia 1954.

Apoyan a Rivera en su mural: Osvaldo Barra, Enrique Valderrama, Antonio Borregui, Ramón Sánchez y la mosaiquista Graciela Ramírez.

Ayudan a Siqueiros: Felipe Estaño, Armando Carmona, Francisco Luna, Guillermo Rodríguez.

Diego Rivera recibe $78 , 750.00 por su increíble mural; Alfaro Siqueiros $100,000.00. El acta de entrega de Rivera acusa la fecha de 28 de enero de 1954; el descubrimiento del mural de Siqueiros, la del 18 de marzo de 1955.

(Con información bibliográfica proporcionada por la Biblioteca del Centro Médico Nacional La Raza)

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La fusión de un millonario, el arte, la cultura y el público mexicano: El Museo Soumaya

Por Armando Navarro Rodríguez.

Lo que ha hecho Carlos Slim con el Museo Soumaya es impresionante: Ofrecer al público de forma gratuita y permanente las 16 colecciones que incluyen más de 64 mil piezas propiedad de la Fundación Carlos Slim, en un imponente edificio representante de la más moderna arquitectura.

Nombrado así en honor de la esposa del magnate, Soumaya Domit, quien falleció en 1999, el museo permite estar muy de cerca de bellas y delicadas obras que van del renacimiento, al barroco, pasando por el impresionismo, arte novohispano, paisajes y muralismo mexicano.

Así, los nombres y las imágenes se empiezan a mezclar en la mente del visitante, quien no acaba de entrar al museo y ya es recibido en el vestíbulo por “El Pensador” de Auguste Rodin, artista francés, de quien precisamente en el Soumaya se encuentra la colección más grande de sus obras fuera de Francia.

El pretexto para la semejante inversión de 800 millones de dólares es simple. Carlos Slim ha dicho que la inspiración llegó de su esposa; su memoria lo animó a comprar obras de arte de todo el mundo, de todo tipo de artistas, para que fueran exhibidas a todo el público mexicano. La gente de bajos recursos, incapaz de viajar al extranjero para visitar los mejores museos del mundo, ahora tiene la oportunidad de admirar el arte de estos importantes artistas en su propio país.

Slim lo sabe perfectamente. Por eso su fundación también hace unos años ayudó a la restauración del Centro Histórico. La cultura es sumamente importante, es la identidad del país, sin eso, no tenemos nada. Y él invierte sin decoro en el arte y la cultura. Esos lugares que la política y la religión parecen haber olvidado.

Estar parado frente a obras de Tintoretto, de Rubens o de Doménikos Theotokópoulos, El Greco, es una delicia indescriptible. Pero hay más. En sus seis diferentes salas, en un recorrido que se disfruta mejor del último piso hacia abajo, el visitante encontrará a viejos conocidos como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Tamayo y Juan Soriano, en cuadros que van de los gruesos y violentos trazos del muralismo, a la tranquilidad de los retratos y los paisajes.

Ahí están también el surrealismo de Salvador Dalí y Joan Miró, los paisajes de Claude Monet, mientras se van encontrando por ahí los estilos inconfundibles de Van Gogh, Rendir y Toulouse-Lautrec. Finalmente, el arte novohispano, en donde se puede admirar el barroco en todo su esplendor. Y la lista sigue y sigue. Es necesario estar ahí para experimentar la experiencia multisensorial que el Museo Soumaya impone. Sobran las palabras.

Ubicado en Plaza Carso que está ubicada en Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra. Col. Ampliación Granada, México, DF, CP 11320, justo atrás de Antara Polanco, el museo abre de Jueves a Sábado de 10:00 a 22:00 y de Domingo a Miércoles de 10:00 a 19:00.

La entrada es gratis. No hay pretexto para no admirar semejante banquete cultural. Este lugar es una excusa más para saborear esa indescriptible Ciudad de México.

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El arte como arma social: “Exposición Crisisss América Latina, Arte y Confrontación. 1910-2010”

Por Armando Navarro.

Realizadas entre 1910 y 2010, las casi 190 piezas que se presentan en la exposición “Crisisss. América Latina Arte y Confrontación” son el resultado del trabajo de más de cien artistas provenientes de esa multicultural parte del planeta; se trata de un evento cultural inédito, que reune desde la proyección de momentos clave en la historia del cine Latinoamericano, pasando por esculturas, fotografías y performances.

Presentada en dos partes, una en el Palacio de Bellas Artes y otra en el Museo Ex Teresa Arte Actual, la muestra incluye la presencia de 16 países entre los que destacan Cuba, Colombia, Brasil, Venezuela y México, con nombres como Roberto Montenegro, José Galindo, José Clemente Orozco, Débora Arango, Joaquín Torres García y Doris Salcedo entre muchos otros, todo bajo la supervisión del curador Gerardo Mosquera.

Es una exposición que busca enaltecer y hacer homenaje al espíritu rebelde, alegre y colorido de América Latina, en donde, en el caso de Bellas Artes, se busca que el histórico edificio sea incorporado a la muestra, creando un ambiente interactivo en el que es agradable tocar, sentir y observar detalladamente las esculturas, los peculiares cuadros de materiales insospechados, las fotos y sobretodo, los performances.

El trabajo del curador Mosquera se nota contundente. Nada está acomodado a la ligera, todas y cada una de las posiciones de las obras tienen un motivo. Justo en la entrada de la Sala principal el mapa invertido “Nuestro norte es el sur” da la bienvenida al visitante, quien inmediatamente baja la vista al texto “Fosa Común” de Luis Camnitzer, encontrándose de forma metafórica con el destino de violencia, sangre y tragedia de muchos pueblos latinoamericanos.

Obras con una fuerte carga política y de crítica hacía los gobiernos que han fallado y que siguen fallando; milicia, capitalismo y revolución entre los temas expuestos; cuadros e  instalaciones de performances con materiales poco ortodoxos, creando una atmósfera sui géneris en la principal casa de cultura del país, en la que incluso la experiencia pudo haber sido más envolvente con letras y luces de neón en la fachada y algunas otras ideas que o bien fueron canceladas o presentadas en el Ex Teresa.

Incluso hay crítica a estereotipos del arte mexicano con los chilenos Francisco Casas y Pedro Lemebel y su reinterpretación de “Las dos Fridas” de la mexicana Frida Kahlo. En la muestra no hay una sola obra de ella, pero los latinoamericanos aparecen travestidos parodiando la popular pintura, en un obvio chiste negro por parte del curador hacía el consumo desmedido en
América Latina que representa Frida.

En su conjunto “Crisisss. América Latina Arte y Confrontación” es una exposición imprescindible e interesante, que incluyó también un ciclo de cine supervisado por el cineasta Jesse Lerner, con cortos y largometrajes intensos y sin concesiones, en los que se siente el sudor, la sangre y los olores de Latinoamérica.

“El arte un arma de lucha” como bien lo explica una de las muchas obras que componen esta completa muestra que permanecerá en Bellas Artes hasta el 5 de junio.

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5 exposiciones temporales en el Antiguo Palacio del Arzobispado…

Por Armando Navarro.

Ubicado en la calle de Moneda, en el Centro Histórico, el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda es un bellísimo edificio del siglo XVII que en estos días está albergando 5 exposiciones eclécticas, raramente juntas e imprescindibles de admirar.

Barroco de Benjamín Domínguez.

Una auténtica maravilla. Todas las inquietudes del maestro Domínguez expuestas en una serie de pinturas que van del dolor a lo bizarro, pasando por la constante búsqueda de lo divino, los espejos y las mascotas, con trazos que por momentos recuerdan a la poesía de Benedetti.

Son 50 obras de este reconocido pintor mexicano obsesionado con las atmósferas oníricas, los personajes tatuados con sentimientos mágicos y desconcertantes.

  

Ecos de Jorge Marín

Conjunto de 16 piezas en cerámica que hacen homenaje a la tradición prehispánica del arte en este material.

Jorge Marín es el mismo autor de la exposición de ángeles que está sobre Paseo de la Reforma.

Líneas Continuas. Colectiva

 José Luis Cuevas, José Fors, Roger von Gunten, Daniel Lezama entre otros, presentan esta colección de dibujos de una frescura artística pocas veces vista, en donde los trazos van de la perfecta línea recta a formas caprichosas y ambiguas; estos dibujos representan la forma más inmediata de arte del artista.

Cruce de Caminos, Europa en México. Colectiva

Obras de artistas europeos en México, en donde explotan su gusto y curiosidad por nuestro país y su inigualable variedad cultural, muchos de ellos decidiendo quedarse a radicar en México y a partir de ahí crear arte.

Varias de estas exquisitas obras existen gracias al excelente proyecto “pago en especie”, que no es otra cosa más que el pago de los impuestos de los artistas, mediante sus obras, permitiendo así que el público mexicano esté cerca del puente cultural entre Europa y México, gracias a estas piezas, que incluyen fotos, esculturas e incluso, dibujos sobre foamy.

Están concentradas piezas de estupendos artistas europeos como Anette Kuhn, Leonora Carrington, Mathias Goeritz , Pedro Friedeberg, Antonio Rodríguez Luna, Vicente Rojo, Luca Bray y Gerda Gruber ente otros más.

Nadie queda indiferente ante obras de tal belleza y contundencia.

En movimiento. Flor Minor

Interesante exposición táctil. Dirigida al público con discapacidad, que puede tocar y sentir las 11 esculturas en bronce de Minotauros y figuras humanas abstractas de la artista Flor Minor. Bellísimas por sus detalles.

Dirección: Moneda 4, Centro Histórico. C.P. 06020. Delegación Cuauhtémoc

Horario del Museo: martes a domingo, 10:00 a 17:00 hrs.

Entrada libre

Teléfonos:  3688 1657 y 3688 1602

visitas_guiadas@hacienda.gob.mx

http://www.shcp.gob.mx/difusion_cultural/museo_arte/exposiciones/Paginas/temporales.aspx

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