Flor de Fango de Guillermo González Montes. La Lolita de Nabokov en la era Twitter…

Por Armando Navarro.

La ópera prima de Guillermo González Montes es un film de buenas intenciones, pero malos resultados. La premisa es bien conocida, pues pareciera “calcar” con desfachatez la novela de Nabokov, haciendo algunos cambios “sustanciales”: un exitoso y estable doctor conoce por diversas circunstancias a una radiante adolescente por la que es capaz de perder la cabeza, dejar a su esposa, su trabajo y su vida completa.

Al igual que en la cinta de Adrian Lyne de 1997 “Lolita”, un beso será el detonante para que el Doctor, interpretado bien a secas por Odiseo Bichir, decida emprender un viaje de no retorno por la chica, quien para mala suerte ha sido secuestrada por un sórdido marinero que la lleva a Tampico a comenzar una “nueva vida” aderezada con prostitución, delincuentes y oscuridad.

El problema radica en que se cuenta con todos los traspiés clásicos de una ópera prima: errores en el sonido, en la dirección de actores y principalmente, un guión que no termina por justificar las acciones y decisiones importantes de personajes, además de contar con un desenlace tan abierto que en lugar de poético, termina quedando incompleto el relato en conjunto. Siempre estaba la opción de terminar la historia en prisión, o intuir de forma más clara una infinita y obsesiva búsqueda.

Dividida claramente en dos actos, La Ciudad de México y Tampico, luz y oscuridad, uno de los pocos logros del director está en saber mostrar  a esa ciudad del norte como un lugar lúgubre, húmedo y amenazante, pues es así justamente como el Doctor Talanquer percibe el entorno donde peligra su “amada”. Mientras que en el DF, la música, la fotografía y las locaciones representan esperanza y la alternativa de un futuro nuevo, a excepción de la sordidez de la escuela y vecindad, augurio quizá del devastador destino que caerá sobre los personajes centrales.

La adolescente en cuestión, Claudia Zepeda, a quien ya habíamos conocido en el bodrio “Perras” (2011), es probablemente la que más sale ganando con este film, pues termina siendo un vehículo de lucimiento a la medida. La lente del director se regocija mostrando a una actriz en ciernes que necesita tablas, pero cumple con su marcada belleza, con una mirada que a ratos se “come” la cámara.

Deudora de demasiados referentes (Nabokov, Kubrick, Lyne) resulta imposible querer delinear a una lolita en la era Twitter sin tener esas obligadas referencias. Por eso es injusto decir que “Flor de Fango” es una película mala, pues sus intenciones eran buenas, desafortunadamente, el resultado es algo intrascendente y gris.

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